¿En qué momento?

No se como fue que paso, sin embargo, ya había acontecido. Nunca me había quedado bien claro en que momento sucedieron las cosas.

Un buen día desperté sin ganas de escribir; sin ganas de dibujar; no me apetecía leer, mucho menos aprender. Esto me preocupaba, pero no tenia una respuesta y así pasaron varios años sin la “chispa” creativa que siempre me había caracterizado.

Para mi sorpresa, estando en la sala de la casa de mis padres fue que lo vi, sobre la mesa de centro. Viejo y muy traqueteado por la vida y por las manos toscas de su anterior dueño. Era un acordeón “ELKA” de los primeros en su tipo, padre del “Santa Marsala” y del “Gabbanelli”. Desafinado y maltrecho, me lo colgué entre pecho y hombros y mis torpes dedos apretaban sin sentido todos esos botones y mi mano izquierda tiraba de un extremo del acordeón queriendo sacarle algún “chillido”.

Sin lograr mas que notas aleatorias con el característico sonido de ese instrumento, fue que despertó de nuevo en mi esa fuerza, esas ganas, encendía de nuevo la chispa y al día de hoy, seguimos juntos. Compañeros de mil batallas, me acompaña mi canto desafinado, pero le imprime alma y sentimiento.

Mi acordeón y yo.

 

 

 

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