Jazz

-¡Hola! -dijo ella mientras cerraba la puerta de la oficina y busca donde sentarse…

-¡Vaya! Ya bienes preparada, con café y toda la actitud -respondió él.

La atmosfera era tranquila. Todo se conjugaba de manera perfecta. Una fría luz blanca iluminaba la oficina y el aroma del café recién preparado llenaba el lugar queriendo disminuir el perfume de aquella chica.

Él tecleaba al ritmo de un rancio jazz y ella movía sus hombros al ritmo de la música de fondo, para el deleite de ambos. Cruzaban miradas y sonrisas.

El tiempo transcurría sin mayor sobre salto. Estar ahí frente a frente, sin decir nada, era suficiente para gritarse los mas bajos deseos, deseos que por la noche se materializarían.

-Me tengo que ir.

-Ok. Hasta al rato. ¿Te acompaño?

-¡Por favor!

De un brinco se levantaron de sus asientos y mientras él abría la puerta y posaba su mano en las caderas de su cómplice, la conducía al elevador, mudo testigo de sus despedidas.

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